Cómo educar con amor

El elemento principal de la educación es el amor. Así escrito suena muy bonito, pero… ¿cómo volver esto realidad?

Ayer recibí un comentario con la pregunta de cómo lograr educar con amor, aplicando este mismo principio al liderazgo que deben tener las personas que tienen a otras personas a cargo en el ambiente laboral. Estos mismos consejos pueden ser aplicados por todos los padres de familia y profesores.

Evidentemente no hay una fórmula mágica que sea tomarse tres goticas de cierta medicina por las mañanas.

El formar a los demás con amor es una cuestión de actitud y por lo tanto de trabajo personal. Para esto lo primero es la decisión de querer hacerlo. Cosa que sé es difícil de realizar. Si una persona ha estado acostumbrada a realizar las cosas de una cierta manera y considera que así tiene buenos resultados, es poco probable que quiera cambiar su modus operandi.

Pero sólo debe darle una oportunidad. Tomárselo de pronto como una prueba para ver que resultados tiene y al obtener tanto resultados positivos, sin duda alguna, querrá seguir actuando así.

Para tomar esta decisión de cambiar la forma de proceder, el primer paso puede ser hacer una autoevaluación del propio rendimiento y el rendimiento de las personas que tiene encomendadas.

Algunas preguntas útiles para la autoevaluación:

  1. Al pensar en ir a mi trabajo (o en pasar el día con mi hijos) ¿Cuál es el sentimiento que brota automáticamente?
  2. Durante el tiempo que estoy en el salón de clase, en mi empresa o pasando un tiempo con mis hijos ¿Cuál es mi estado de ánimo predominante?
  3. ¿Qué pienso de mis alumnos, empleados, hijos?
  4. ¿Qué conozco de la vida de mis empleados o de mis alumnos?
  5. ¿Con qué frecuencia mis empleados, alumnos o hijos quieren pasar un tiempo diferente del obligatorio conmigo?
  6. ¿Qué resultados obtengo?

Cuando mi actitud como líder (ya sea en una empresa, en un salón de clases o como padre) generalmente es negativa: me da pereza ir a trabajar, pienso que las cosas que salen mal siempre son culpa de los otros, no conozco a mis empleados o alumnos, ellos no quieren pasar tiempo conmigo, es porque evidentemente algo está mal en la forma como hago las cosas. No en como los demás hacen las cosas, sino en como yo, el líder, hago las cosas. Llegar a este punto ya es una gran ganancia porque me aceptar que tengo que cambiar.

Además de esta encuesta de mi propia satisfacción, aplicar una a mis alumnos o empleados también puede ser muy útil. Allí podré ver que las personas a mi cargo se sienten insatisfechas, no están felices. Y esto factor disminuye notablemente la eficacia y eficiencia en lo que se realiza. Todos sabemos que cuando algo no nos gusta, no ponemos todo nuestro empeño en realizarlo, nos limitamos con cumplir con lo mínimo necesario para que no nos despidan o para no perder las materias. Y esto en una empresa hace una diferencia notable.

Gerry Czarnecki autor del libro Lead with Love (Lidera con amor) habla de la diferencia que hay cuando las personas siente una verdadera pasión por lo que realizan.

Los invito a ver el video en el siguiente Link.

Lead with Love

Después de tomar la decisión de cambiar mi actitud, viene un proceso de acercarme a las personas a mi cargo para conocerlas y compartir tiempo con ellas para así poder generar un ambiente de confianza.
Por otro lado está la motivación. Las personas reaccionan mil veces mejor al ser motivados, al sentir que su trabajo es valorado, y más aún que su trabajo, que él como persona es valorado, que al sólo obtener quejar y críticas de su trabajo. Siempre podemos encontrar algo positivo que decir.

Frente alumnos que tienen dificultades en el comportamiento, al corregirlo es más productivo valorar lo positivo y después decirle en qué tiene que mejorar, que simplemente decirle lo que hace mal, porque así la idea que queda en su cabeza, es que él sólo hace cosas malas, pues es lo único que escucha. Así que si sólo hace cosas malas, ¿para que esforzarse?

Simón, tú eres un niño muy inteligente, tienes muchas ideas que aportar al grupo, realizas tus trabajos muy bien. Sin embargo, el que te estés parando del puesto y hablando con los demás compañeros, no te deja poner atención para poder aportar todo lo que tu saber. Si pusieras más atención, serías un alumno excelente. Así Simón ve que él tiene mucho que aportar y probablemente quiera poner más atención para poder aportar más de lo que sabe.

Después de aplicar estas técnicas está también el mantener siempre una actitud de autoevaluación. Siempre habrá equivocaciones. Muchas veces por las noches al llegar a mi casa veo los momentos en que perdí la paciencia y no le hablé con tanto cariño a algún estudiante, o sólo supe reprenderlo por algo que había hecho mal. El ver mi error, me permite pensar en la actitud que quiero tener con mis alumnos al día siguiente y llegar pensando cómo corregir y formar con amor, valorando las cosas positivas.

Como conclusión a esta reflexión quiero invitarlos a todos: padres, profesores, jefes, líderes, a que le den una oportunidad a la formación con amor, basada en una alta motivación positiva, en un conocimiento de las personas que están a nuestro cargo, en una valoración de las cosas positivas del otro. Verán que su ambiente de trabajo comenzará a cambiar inmediatamente e inclusive ustedes mismos se sentirán más felices.

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