Vera

Durante esta Semana Santa decidí ir con mi familia a la Hacienda Nápoles, un lugar que desde que lo conocí, hace más o menos siete años, siempre me ha encantado. Me gusta por su historia y por lo que representa para el país en cuando a la lucha contra el narcotráfico, me encanta porque es un espacio en el cual se han construido varias piscinas muy divertidas y en definitiva se puede pasar un buen rato.

Pero la razón por la que es uno de mis lugares favoritos es por el tipo de espacio que se ha convertido para la tenencia de animales. Me encanta porque la procedencia de todos estos animales siempre ha sido circos, zoológicos, cautiverio y aunque estos animales no podrán disfrutar de la libertad total, sí pueden disfrutar de un gran espacio en el que pueden sentirse prácticamente libres.

Es el caso de las elefantes Rani y Junior quienes pertenecieron al circo de los hermanos Gazca, que las entregaron voluntariamente hace varios años. Rani desafortunadamente falleció a los tres años de estar en el parque, pero al menos pudo disfrutar de unos años de libertad.

Los primeros tigres que llegaron fueron Anne y Pascal quienes estaban en el refugio de Cali Villa Lorena, hijos de un tigre y una tigresa incautados a unos paramilitares. Es tan similar el espacio en el que viven a su ambiente natural, que ya han logrado reproducirse.

Ni que decir de los hipopótamos que en un inicio fueron traidos solo dos por Pablo Escobar y fueron de los pocos animales que él tuvo que lograron sobrevivir y ya constituyen una numerosa manada.

Pero lo que más me gusta de visitar la Hacienda Nápoles, es sin duda alguna ver a Vera, la rinoceronte blanco. Quizá porque soy de Medellín y me tocó verla por muchos años en el zoológico Santafé de Medellín, encerrada en apenas 620 m. Allí estuvo por 20 años. Con ese vicio que cogen todos los animales que están en cautiverio que consiste en dar vueltas por el mismo camino dejando ese rastro en la tierra ya que siempre dan la misma vuelta.

Vera fue adquirida por un mafioso para llevarla a su hacienda la cual tenía el nombre de la Veracruz. De allí proviene el nombre de Vera. Como todos los animales de mafiosos, tarde o temprano y diría yo que es más bien temprano, terminan a la deriva. Así llegó Vera al zoológico Santafé y después de estar allí por 20 años, fue trasladad a la Hacienda Nápoles donde puede disfrutar de 20.000 m. ¡Qué diferencia de espacio! Pero no es sólo eso. Es también el clima que es similar al suyo original y los pantanos en los cuales puede revolcarse como suele hacer esta especie el libertad.

La visita a Vera llega apenas unos pocos días después de la triste noticia de la muerte de Sudán, el último rinoceronte blanco del  norte. Viéndola allí, no hice sino pensar en todo lo que tenemos que hacer por nuestro planeta. Cada uno puede hacer algo. Sé que en estos temas de ecología y ambientalismo muchas personas se sienten desmoralizadas porque saben que la acción de ellas solas no podrá cambiar los grandes desastres que suceden por culpa de grandes empresas y multinacionales, de decisiones de políticos, de los cazadores. Pero lo que cada uno hace sí hace una diferencia. Y entre más seamos las personas convencidas de que podemos hacer algo, más serán las acciones que nuestro planeta recibirá para promover un cambio.

No nos cansemos de hacer el bien. Hagámoslo cada día. Recuerda: ¡Haz todo lo que puedas!

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