La copa menstrual

Uno de los primeros pasos que di en mi camino zero waste fue comenzar a usar la copa menstrual. Para los muy avanzados creo que puede parecer una bobada. Para mí fue un gran paso. Para empezar porque nunca en mi vida me había puesto un tampón. La única vez que lo intenté tenía 14 años e iba para una fiesta de 15 de una de mis compañeras con un vestido bastante ajustado. Mi mamá me explicó cómo ponérmelo. Entré al baño, lo hice, salí sintiéndome un poco mareada y cuando llegué a la habitación de ella, me desmayé… Obviamente después de eso les cogí tedio y nunca los volví a usar. Así que para mí, pasar de usar sólo toallas a usar la copa era un paso bastante grande.

Lo que me movió fue sin duda alguna pensar en el planeta y en este propósito de disminuir las basuras.  Las matemáticas para este caso son muy sencillas. 5 toallas por día. Digamos que en promedio uno tiene el período 5 días. Serían 25 al mes. 300 al año. Por 30 años, serían 9.000 toallas o tampones.

En el mundo hay 3.600.000 mujeres actualmente según los datos del banco mundial 10.800.000 de toallas o tampones más los envoltorios o los aplicadores de tampones al año.

Esto si lo miramos por el lado ecológico. Pero después de usarla por algunos meses, le empecé a ver muchos más beneficios. Ahí se los dejo por si eso las motiva más.

El lado económico. Siguiendo los cálculos hechos anteriormente, una mujer al mes gastaría un aproximado de $10.000. $120.000 al año. $3.600.000. Durante toda su vida. No es demasiado. Pero igual. Algo es algo.

El lado de la comodidad. La amiga que me la vendió, me dijo que no la iba a sentir. Que a ella se le ha llegado a olvidar que la tiene puesta. Me pareció algo un poco imposible. Pero realmente ha sido así para mí. Me he encontrado algunos comentarios de muchas personas hablando de que les cuesta ponérsela, de que sienten presión en la vejiga cuando caminan… No quiero decir que sean mentirosas. Realmente no sé cuál será la razón, si no tienen la adecuada, si no saben ponérsela bien. Pero en mi caso, me ha pasado lo que mi amiga me comentó. Hay días que me he olvidado por completo que la tengo puesta. Y ni hablar de que puedo realizar cualquier tipo de actividad sin molestias ni miedos de tener un accidente. Voy al gimnasio, a bailar, montar en bicicleta, a la piscina sin tener ningún inconveniente.

El lago de la higiene. Mucha gente cree que es menos higiénica porque uno ve el fluido líquido en la copa. Pero realmente es más higiénico que la toalla, pues ésta al absorber la sangre tiene un efecto de sellamiento, lo que es propicio para hongos, infecciones y bacterias. En cambio la copa no, porque está hecha de material inerte y al estar dentro de la vagina, no genera calor local.

Y volviendo al motivo principal de esta reflexión. Pensar que en mi vida estoy ahorrándole 18.000 basuras al planeta, puede parecer algo pequeño, pero a mí me parece algo significativo. No hay nada  pequeño que podamos hacer por nuestro planeta.

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