Razones para ser feliz

Desde hace un tiempo me siento muy feliz y satisfecha con mi vida. No quiero decir con eso que mi vida sea perfecta ni que no tenga problemas, pero en términos generales me siento muy satisfecha de la forma como estoy viviendo.

No suelo preguntarme mucho el por qué de esto. Sé que la felicidad como tal, es el misterio de la vida humana, en el fondo lo que todos queremos alcanzar, y se buscan muchas recetas, guías y caminos que nos digan cómo podemos hacerlo. Honestamente yo no lo hago.

Sin embargo, el día de ayer, la directora del colegio en el que trabajo nos presentó el siguiente video en el que Jeison Aristizabal comparte las que son para él las tres claves para ser feliz. Jeison es un hombre caleño de 33 años con discapacidad, fundador de Asodisvalle, Asociación de Discapacitados del Valle, una asociación dedicada al trabajo con niños y jóvenes de bajos recursos en situación de discapacidad y que fue elegido como el CNN Hero en el 2016.

Les dejo este pequeño video en el que comparte sus ideas.

Vivir agradecido con todo lo que tienes. Ayudar. Soñar.

Al ver este video sentí que algo se encendía en mí y me puse a reflexionar un poco en esas razones que yo tengo para ser feliz. Encontré muchas. Pero la última que él mencionó me llamó mucho la atención y quisiera compartir mis reflexiones con ustedes en esta entrada. Una de las razones por las que yo soy feliz es porque tengo muchos sueños a corto, mediano y largo plazo… y me atrevería a decir que a cortísimo y larguísimo plazo. Nunca paro de soñar y sueño con todo… Sueño con hacer a mi familia más feliz, con regalarle a mis hermanos algo que ellos quieren mucho, con rescatar animales, con viajar, con leer, con escribir, con mejorar ciertos aspectos de mi labor como docente, con ser más saludable, con ser más amiga de la naturaleza…

Este año no tuve tanta pereza de volver a trabajar después de las vacaciones y la razón puede sonar de lo más absurdo que hay, ya que no está ligada a mis labores como profesora. Estoy animada porque uno de los sueños que tengo para este año es comenzar a alimentarme más saludablemente… Para los que me conocen saben que le tengo un tedio inmenso a la cocina, pero he caído en la cuenta de que de la única forma en que conseguiré alimentarme saludablemente es si le meto las manos. Así que durante todas las vacaciones me he mentalizado con que me va a gustar, con que le voy a dedicar el tiempo que requiere, con que lo voy a hacer, lo voy a disfrutar. Y el día de ayer cuando regresé al trabajo, estaba entusiasmada por ya comenzar a enfrentar este reto que me puse de ser más saludable.

Esto me hizo reflexionar en un aspecto de mi vida del que no he compartido mucho aquí y fue sobre los años en que fui consagrada. Fue una época en la que tuve momentos de felicidad y en la que sin duda alguna aprendí mucho. Pero en general, fue una vida de mucha tristeza y sufrimientos y especialmente de muchas luchas interiores por querer dejar esa vida, pero al mismo tiempo sentirme obligada de seguir.

Reflexionando en todo esto de los sueños, recordé un día en que estaba en una de esas luchas interiores y en medio de mis pensamientos caí en la cuenta de que de cierta manera mi vida estaba estancada. En ese entonces yo sólo tenía 22 ó 23 años y ya no tenía ninguna aspiración, ningún deseo, ningún sueño. Dentro de la congregación en la que me encontraba que es la de los Legionarios de Cristo, no se podía aspirar a cargos, no se podía pedir el tipo de apostolado que uno quería desempeñar (si trabajar con niños, adolescentes, adultos, en un colegio, en un club, en misiones…), tampoco se podía pedir ir a un país en específico, ni mucho menos compartir con alguna persona en especial… Así que me di cuenta que de ese momento en adelante mi vida sería siempre igual, siempre la misma, una rutina vacía de sueños, aspiraciones, deseos, viviría como estaba viviendo y otros decidirían por mí.

El único sueño que se nos permitía tener era el de ser santas. Debíamos vivir cada día con la aspiración y la lucha de ser mejores personas para ser santas. Un sueño que nunca vas a ver realizado en tu vida y que además, por el tipo de congregación en el que estaba, te hacían ver que nunca podrías alcanzar ya que tenías que analizar tu conciencia todos los días en varias ocasiones para ver que faltas, fallas y defectos habías cometido y confesarlos todas las semanas. Y si osabas decir que no tenías, entonces estabas pecando de orgullo y vanidad. Así que fuera por el lado que fuera, uno nunca era una persona buena, sino por todos lados llena defectos.

Es resumir mucho decir que fue por eso que me salí, pues mi experiencia en la vida consagrada fue algo muy complejo, pero fue una de las cosas que más influyó.

Comparando mi vida de ahora con la de antes, me miro en ese momento específico y veo a una persona derrotada, siguiendo adelante porque no había más de otra, una persona oscura. Y ahora me veo como una persona alegre, llena de colores, entusiasmada por la vida, es más, he llegado a desear poder vivir mil años, porque me parece que esta vida no me va a alcanzar para todo lo que quiero hacer.

Así que, ¡soñemos mucho! Soñemos con cosas grandes, con cosas pequeñas, con cosas materiales, y también espirituales y personales. Tener en nuestra mente estos sueños, luchar por conseguirlos y finalmente lograrlos son una fuente continua de felicidad y de motivación para seguir cada día.

Y ojalá no nos olvidemos de incluir a los demás en esos sueños que tenemos.

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